Biografía

Compartir es mi expresión de amor favorita (más no la única).

La primera vez que me preguntaron qué quería HACER de mayor, tenía 6 años, y respondí esto: “ayudar a los demás” . En ese entonces no era consciente de que mi deseo estaba sostenido por uno más grande: SER FELIZ. De algún modo, intuitivamente, sabía que ambos estaban relacionados.

El mayor nivel de plenitud y realización que he experimentado en mi vida siempre ha estado vinculado con la comunicación y el acompañamiento a los demás en sus procesos de cambio y transformación.

El guion de mi vida me ha llevado por muchísimos escenarios. Estudié Educación Infantil y Administración de Empresa con el fin de montar mi propia escuela infantil. ¡El impulso emprendedor estuvo siempre presente!

Tenía 19 años y aquí llegó mi primera oportunidad de ver cómo la vida tiene sus propios planes, y no siempre (en mi caso, casi nunca) tiene que ver con los míos… Conocí al que fue mi marido y padre de mis dos hijos y sin darme cuenta, me encontré como bailarina profesional, dirigiendo una Academia de Danza y trabajando en televisión donde ejercí como presentadora y periodista durante 18 años.

Mi carrera como bailarina se acabó junto a mi matrimonio cuando tuve a mis dos hijos, mellizos, Tony y Lucía. La maternidad ha sido sin duda mi aula de aprendizaje más difícil y la que más retos y bendiciones me ha brindado.

Al verme sola y con el reto de criar a dos hijos, monté mi primera empresa en solitario y dos años más tarde, allá por el 2008, atravesé una importante quiebra empresarial, que me dejó sin casa, sin coche, con mis dos niños y con más de cien mil euros de deuda.

Fue mi toque de queda, mi llamada a despertar. Cuando todos tus miedos se hacen realidad de golpe pasa algo muy interesante, primero piensas que te vas a morir, pero luego ves que no, que sigues respirando y entonces te das cuenta como sigues adelante a pesar de todo.

En ese momento mi vida dio un giro radical. Me fui con mis niños a un centro de retiro espiritual en la isla de Tenerife y empecé una intensa búsqueda que me llevó a muchos y diferentes maestros y corrientes de pensamiento. Metafísica, Autoayuda, Coaching, PNL, Psicoterapia, Constelaciones familiares, Astrología, Budismo, Sanación Emocional, The Work, Un Curso de Milagros, Advaita… Conocí y me formé con muchas personas muy reconocidas en estos ámbitos, fue mi época “devoradora de conocimiento”, aprendí muchísimo y mi vida pareció por fin DESPEGAR.

Formarme como Coach en 2010 me permitió ponerle nombre a eso que siempre había sido mi vocación natural, acompañar a las personas en sus procesos personales, sus retos y desafíos. Ejercí como Coach y formadora durante 5 años hasta que en diciembre de 2015 otro evento marcó un antes y un después en mi historia personal.

Otra quiebra, esta vez sentimental, económica y espiritual me llevó a un espacio de comprensión profunda de mí misma y de mis patrones mentales. El sufrimiento desmedido que experimenté me llevó de nuevo a Un Curso de Milagros, esta vez para iniciar un camino de perdón no dual, que me ha traído un cambio de percepción radical en mi experiencia del mundo.

Durante este tiempo he podido atravesar muchas capas de confusión y soltar muchos de los conceptos que me mantenían limitada en la experiencia de mi misma. Por esto, es que no defino mi compartir dentro de ningún marco, pero si algo se aproxima a esto que hago, sea la palabra “acompañar”.

Mi mayor logro en esta experiencia llamada vida, sin duda, ha sido el increíble descubrimiento de que yo puedo ser libre y feliz ahora, en este instante, suceda lo que suceda afuera. Que no se requiere de nada y que todo sirve si tienes claro tu propósito.

Para mí, la relación lo es TODO. En ella nos vemos, nos reconocemos, nos rechazamos, nos separamos o nos unimos. Ella nos muestra, cual espejo, dónde nos encontramos en cada momento. A través del otro, (entiéndase otro como toda persona, situación, o cosa a la que prestamos atención) en contacto y en consciencia de mi misma. Aprender a relacionarme con conciencia es, sin duda, el gran desafío que todos atravesamos.

Nuestro anhelo más profundo es vivir en amor y aprender a amar incondicionalmente. Para ello es necesario recordar quiénes somos, y, sobre todo, dejar ir lo que no somos. Expandir nuestra conciencia como Seres Humanos más allá de los límites que la condición humana nos impone, es posible y más que eso, necesario, para experimentar un estado de plenitud verdadero y sostenido en el tiempo.

Hoy disfruto extendiendo y recordando el Amor que Soy, y todas las oportunidades que la Vida me presenta son bienvenidas y entregadas a este propósito. Para ello pongo a disposición todos los dones que he recibido y las herramientas que me han servido para alcanzar ese equilibrio “cuerpo-mente-alma” tan necesario para vivir esta experiencia humana LIBRE Y FELIZ.

Si tuviera que resumir mi aprendizaje de vida en una sola frase sería ésta:

“No hay nada que temer, sólo el Amor es Real”.